Apuestas deportivas confiables en 2026: qué mirar antes de depositar
Datos actualizados a noviembre 5, 2026; las referencias al permiso de la Secretaría de Gobernación se contrastaron con el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y con los pies de página y fichas de tienda de las propias plataformas.
En México no existe licencia para apostar en línea. Existe un permiso. La diferencia no es un tecnicismo de abogados: el artículo 3 del Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos define el permiso como un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario, y ese acto es el que sostiene a una casa de apuestas mexicana. Una plataforma que dice tener “licencia” puede tenerla —muchas la tienen extranjera— pero no la tiene mexicana, porque la figura no está en la ley.
Ese es el punto de partida de cualquier comparación seria. El segundo punto es más incómodo: no hay una lista oficial de permisos que el aficionado pueda abrir hoy. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica lo que publica, en mayo de 2026 un diputado pidió abiertamente un registro público, y hasta octubre de 2026 esa lista completa no estaba disponible. Lo que queda son los números que cada operador pone en su propio pie de página y los que recopilan los sitios de comparación, que se contradicen entre sí en más de un caso.
La tercera verdad, y la que más dinero le cuesta a quien no la lee: la ley de 1947 prohíbe los juegos con apuestas que no estén expresamente previstos. El artículo 2 del Reglamento lo dice con esas palabras. Eso convierte la confianza en un asunto documental y no en una sensación. Aquí abajo está el mapa completo: qué protege un permiso, qué no protege nada, cómo se leen los momios para saber cuánto se queda la casa, y qué nueve plataformas responden con papeles cuando se les pregunta.
Cómo elegir una casa de apuestas en México: evaluación y criterios que sí discriminan
La mayoría de los comparadores arranca por el bono de bienvenida. Es el orden equivocado, y no por moralismo: el bono es la parte del producto que caduca, la que trae rollover y la que la casa cambia cuando sube un impuesto. Lo que no caduca es el permiso, la forma de cobrar y el precio real del mercado.

Conviene ordenar la decisión como se ordena cualquier gasto recurrente.
Lo primero es el permiso y su titular. Una casa opera en México bajo el permiso de la SEGOB de un permisionario, normalmente una empresa con local físico autorizado. El permiso es intransferible según el artículo 31 del Reglamento: no puede cederse, venderse ni comercializarse. Cuando lees que un permisionario sostiene varias marcas, eso no es ilegal ni sospechoso, es la práctica de mercado; lo que conviene saber es el nombre del permisionario, porque es él quien responde ante la autoridad.
Lo segundo es de dónde sale el dinero cuando ganas. Un operador con permiso entrega el retiro a una cuenta a nombre del jugador y emite CFDI de retenciones cuando el premio está gravado. Ese papel es la diferencia entre una ganancia cobrada y una ganancia discutida en abril.
Lo tercero es el precio. El momio no es una cifra abstracta: dentro de cada uno vive el margen de la casa. Un mercado parejo con dos resultados a 1.90 y 1.90 no reparte el 100 % de lo apostado, reparte menos. Este detalle se desarrolla más abajo, y es el número que decide cuánto cuesta cada peso que juegas.
Lo cuarto es la verificación. Las casas con permiso aplican controles de identificación y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT, porque el juego es una actividad vulnerable frente al lavado de dinero. Ese trámite molesta a quien quiere depositar en dos minutos, y es a la vez la razón por la que una cuenta no se congela sin explicación en un operador ordenado.
Lo quinto, recién ahí, el bono. Vale la pena, a veces, pero rara vez por lo que anuncia.
| Casa de apuestas | Permiso de la SEGOB según la fuente citada | Qué dice su propia ficha o pie de página |
|---|---|---|
| Caliente | DGG/SP/404/97, autorización presentada en el pie de sitio del propio operador | Juegos con apuestas prohibidos para menores de edad y enlace a su sección de juego responsable |
| Betcris | DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER a nombre de Producciones Móviles, según el pie de sitio del operador | Empresa del sitio TV Global Enterprises Ltd., con licencia de la Autoridad de Juegos de Malta vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026 |
| Codere | DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación especializada | La ficha de su aplicación indica permiso de la SEGOB, uso limitado a mayores de 18 años y políticas de cierre de cuenta |
| Strendus | DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx | La ficha de la aplicación describe la oferta deportiva de la marca |
| Betway | 4184, según casasdeapuestaslegales.mx | La ficha de la aplicación describe la oferta deportiva de la marca |
| Novibet | DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx | La ficha de la aplicación describe la oferta deportiva de la marca |
| Playdoit | DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx | La ficha de la aplicación describe la oferta deportiva de la marca |
| 1xBet | DGJS/0002/2020, según una compilación especializada, que no pudo confirmar ni el dominio ni la lista oficial | La aplicación figura en la tienda bajo 1XCorp N.V., empresa distinta de la titular nombrada por la fuente |
| Pickwin | — | La ficha de la aplicación describe la oferta deportiva de la marca |
Ninguno de esos números está confirmado oficialmente, y en dos filas la letra pequeña importa más que el dígito. En Pickwin las compilaciones se contradicen justo con el número que el pie de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles, de modo que publicar cualquiera de los dos como el permiso de Pickwin sería inventar; por eso la celda va vacía y la marca se cuenta por lo demás que sí se sabe de ella. En 1xBet el titular nombrado y la empresa que firma la aplicación en la tienda no coinciden, y una discrepancia así es exactamente lo que un lector cuidadoso quiere ver antes de depositar, no después.
La columna del medio tiene la palabra “según” pegada a cada renglón por una razón práctica. Los sitios de comparación se copian entre sí, y cuando dos compilaciones dan dos números distintos para la misma marca, uno de los dos está mal y nadie puede decir cuál. Tratar ese renglón como un dato duro es lo que convierte una búsqueda de confianza en una fuente de confusión.
Una cosa que la tabla no puede mostrar y que conviene decir en palabras: un .mx al final del nombre no demuestra nada. El dominio es una dirección de internet, no un acto administrativo. Cualquiera registra un .mx y le pone el nombre de una casa europea. El permiso lo sostiene el permisionario, no el sufijo.
Cómo leer el margen de la casa en un momio de 1.90
Aquí está el cálculo que casi ningún comparador pone por delante, y es el que más pesa en el bolsillo. Toma un mercado ilustrativo de dos resultados, ambos a momio decimal 1.90, como el que aparece en cualquier partido parejo. Suma las inversas de los dos momios y saca la inversa del total.
Dicho en corto: 1 ÷ (1/1,90 + 1/1,90) da una devolución de 95,0 %, y el margen de la casa es 5,0 %. Cinco pesos de cada cien que pasan por ese mercado se quedan del lado del operador, y no aparecen en ningún anuncio.
Esa cifra tiene una segunda lectura, que es la útil. Es un promedio, no un destino: alguien que gana una apuesta cobra 1,90 por peso y no el 95 %. El 5,0 % se materializa a lo largo de muchas apuestas, que es la única escala en la que una casa opera. Y no todas las casas ni todos los mercados cobran lo mismo: el margen del mercado principal de un partido suele ser más apretado que el de un hándicap raro o un mercado de jugador, donde la casa necesita cubrir un riesgo que casi nadie juega. Quien apuesta mucho a mercados exóticos paga una factura mensual que su historial de ganancias rara vez refleja.
Con ese margen se puede estimar el costo de cualquier requisito de apuesta, que es el tema de la sección sobre los bonos.
Cómo se ve una apuesta de $500 MXN por semana, con el margen dentro
Pongamos un ejemplo concreto, con números ilustrativos y no cotizaciones reales, para ver adónde va el dinero. Alguien decide apostar 500 pesos a la semana en un mercado de dos resultados a 1,90 y 1,90, siempre una sola vez por semana y siempre el mismo tipo de mercado. No es un plan de ganancia; es el ejercicio de llevar el límite al terreno de lo que cuesta sostenerlo.
De cada 500 pesos, con una devolución del 95,0 % en ese mercado, el valor esperado que vuelve al jugador ronda los 475 pesos y unos 25 pesos quedan del lado de la casa. En cuatro semanas serían unos 100 pesos, en un año cerca de 1,300. La cifra exacta no importa tanto como su carácter: es la media de muchas apuestas, así que en una semana concreta puede volver mucho más y en otra no volver nada, y el jugador que gana el domingo cobra 950 pesos sobre una apuesta de 500.
La estimación se mueve con dos condiciones. Si el mercado elegido tiene un margen más ancho —un hándicap poco frecuente, por ejemplo— el costo promedio sube y la devolución baja, de modo que el año de 26,000 pesos apostados deja bastante más de 1,300 pesos en la mesa. Si el jugador reduce su límite semanal a la mitad, el costo se parte con él. La banda útil para recordar es esta: en un año de apuestas pequeñas, repetidas y parejas, entre el 4 % y el 6 % de lo apostado se queda en el camino, y ese rango es la devolución de un mercado parejo bien puesto visto desde el otro lado.
Normativa y supervisión: quién autoriza, quién vigila y qué papel firma
La autoridad es la Secretaría de Gobernación. El Reglamento, en su artículo 2, dice que la Secretaría interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo, y que la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. Cuando una casa mexicana muestra un número de permiso, lo hace para hablar con ese despacho.
El marco general está en el artículo 1 del Reglamento: regula la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos, con excepción de los de la Lotería Nacional, y establece competencia federal. La ley de fondo es la Ley Federal de Juegos y Sorteos, del 31 de diciembre de 1947, que prohíbe a nivel nacional los juegos de azar y las apuestas y solo permite los expresamente autorizados. El Reglamento se reformó el 16 de noviembre de 2023. Ninguna de las dos piezas menciona las apuestas en línea, y ahí está el hueco que la práctica llenó a su manera: un sitio digital no obtiene un permiso propio, se cuelga del permiso de un permisionario con local autorizado.
Los dos tipos de permiso que importan para apostar a distancia aparecen en el artículo 28: los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos. Además, los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Ese es el origen de muchas de las marcas que un aficionado reconoce: la casa digital detrás de una concesión de carreras o de una sala.
El permiso no es un papel decorativo. Trae obligaciones que se leen en el artículo 29: los permisionarios de apuestas remotas presentan cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratan seguros, reportan sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y constituyen una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Una casa que sostiene ese paquete tiene una estructura contable detrás. Una que no, no la necesita.
Los permisos son intransferibles según el artículo 31. No pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Cuando un permisionario opera varias marcas, la lectura correcta es que amplió su operación bajo un mismo permiso, no que revendió el permiso a terceros.
Qué se juega con permiso y qué queda fuera de la ley
Los deportes se apuestan solo a través del permiso de un permisionario. Las apuestas en vivo, los deportes virtuales, los esports y los tipos de apuesta disponibles en el detalle no tienen una regla separada en los artículos consultados del Reglamento: existen por la vía del permiso, no por una autorización específica que los nombre uno por uno.
Las apuestas mutuas y las carreras están reguladas en hipódromos, galgódromos y frontones, con la figura del cruce de apuestas. Ahí el artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce, aunque no fija una edad numérica. Esa ausencia de número es más importante de lo que parece: la ley no dice “18” en ninguna parte consultada, y las casas sí lo dicen en sus fichas y pies de página. La cifra que un aficionado cree legal es una promesa de marca, no un artículo.
Un intercambio de apuestas entre usuarios no aparece en ninguna disposición entre las revisadas. No se puede decir que exista uno mexicano, y conviene desconfiar de la plataforma que se presenta como tal sin más papeles que una página bien diseñada.
La Lotería Nacional queda fuera del Reglamento por su artículo 1, así que sus productos no se leen con las mismas reglas que una casa deportiva.
Dónde se publica la lista de permisos y por qué no siempre se puede abrir
Cada vez que alguien pregunta cómo comprobar si su casa tiene permiso, la respuesta honesta empieza con un problema de acceso. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica lo que publica, sin una lista completa y abierta que un particular pueda consultar con facilidad. En mayo de 2026 el diputado Rubén Moreira pidió a la Secretaría de Gobernación un registro público y abierto de permisos de apuestas y casinos, y hasta octubre de 2026 esa lista completa seguía sin poder abrirse. Las cifras de cuántos sitios operan se contradicen entre reportes, con un conteo de 136 y otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx, así que ninguna cifra tiene aquí el peso de un dato.
En octubre de 2026 la Secretaría terminó la revisión interna de una propuesta para sustituir la ley de 1947 y la envió al Gabinete de Seguridad. No se ha presentado al Congreso y no es ley. Una iniciativa para abrogar la ley de 1947 propone un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos, con edad mínima de 21 años y mecanismos de autoexclusión, y también es una propuesta. Nada de eso cambia hoy el estatus de una casa.
Mientras tanto, el camino práctico es de tres pasos y no requiere una lista oficial. Primero, el pie de página de la casa: ahí debe aparecer el permiso con un número y, si es prolija, el nombre del permisionario. Segundo, el nombre del permisionario en una búsqueda aparte, para ver si sostiene otras marcas y si alguna está en problemas. Tercero, la ficha de la aplicación en la tienda, que suele repetir el dato y añadir avisos. Los tres coinciden casi siempre; cuando no coinciden, la discrepancia es la información.
Prevención y salvaguardas: qué límites puedes poner y qué hace la ley por ti
Una casa seria no espera a que el jugador pierda el control para ofrecer herramientas. Las fichas de las aplicaciones mexicanas enumeran descansos, límites de depósito, autoexclusión interna y avisos de juego responsable, y en eso coinciden varios operadores. La ficha de Codere México, por ejemplo, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. El pie de Caliente indica que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad y enlaza su sección de juego responsable. Son gestos pequeños y verificables, y valen más que un banner animado.

Lo que no existe en México es un registro nacional de autoexclusión. Si alguien pide la autoexclusión en una casa, queda fuera de esa casa. Las demás no se enteran, y en la práctica eso significa repetir el trámite marca por marca. La iniciativa de octubre de 2025 que propone abrogar la ley de 1947 plantea mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, pero es una propuesta y no una obligación vigente. Tampoco hay un límite legal de depósito ni de pérdida, ni la figura de una cuenta temporal. Lo único parecido a un tope que aparece en el horizonte es la propuesta de límites ligados al ingreso, y eso es exactamente lo que es: algo que alguien propuso.
Los límites de depósito y de pérdida que ofrece una casa son entonces una decisión personal configurada en la cuenta, no un derecho que se reclama. El límite de pérdida no siempre aparece en todas las plataformas, y el de depósito no siempre puede bajarse tantas veces como uno quiere en el mismo día. Es el momento de decir lo obvio: si la herramienta no está en el menú de la cuenta, no está. Lo que no se configura no protege a nadie.
La verificación de identidad como salvaguarda, y no solo como trámite
Las casas con permiso identifican a sus usuarios y reportan operaciones relevantes a la UIF y al SAT, porque el juego figura entre las actividades vulnerables de la ley antilavado. El documento exacto que exigen no está establecido en un artículo entre los revisados, de modo que la lista concreta la pone cada operador en su centro de ayuda.
Ese control tiene una cara amable que casi nadie menciona cuando se queja del trámite. Una cuenta verificada retira a una cuenta a nombre del titular, y una casa que sabe quién eres tiene un motivo legal para no congelarte el saldo sin motivo. En el extremo opuesto, la plataforma que abre una cuenta con un correo y sin un solo documento también puede cerrarla igual de rápido, y sin una autoridad mexicana a la que reclamar.
Sobre publicidad no hay un artículo federal de aplicación en el Reglamento consultado. Los reportes sobre horarios de emisión de anuncios, sobre límites a influencers y deportistas, sobre la prohibición de anuncios en transmisiones deportivas o sobre bonos de bienvenida describen iniciativas, no ley vigente. Cualquiera que cite esas reglas como si existieran está contando un borrador como si fuera un reglamento, y esa es una forma silenciosa de desinformar.
Qué te cuesta no tener permiso mexicano al frente
La comparación honesta entre una casa con permiso y una que opera desde fuera se puede hacer en una frase por lado. La primera aporta un domicilio legal mexicano, un permiso de la SEGOB, controles de identificación y de lavado, y un CFDI de retenciones cuando el premio está gravado. La segunda no aporta ninguna de esas cosas, y en cambio tiene una característica que conviene subrayar: los saldos en un operador bloqueado quedan congelados. Las casas con licencia de Curazao no son permisionarias mexicanas, aunque su publicidad hable de licencias y sellos.
Las reglas de una casa sin permiso mexicano son reglas de su casa. Eso significa que las obligaciones del artículo 29 —cuentas auditadas, fianza, reportes— no son suyas. La zona offshore es territorio sin protección para el jugador mexicano.
Los hechos del último año lo ilustran mejor que cualquier advertencia. El 11 y 12 de noviembre de 2025 la UIF identificó 13 casinos y congeló cuentas, y bet365.mx y Betano, de Ganador Azteca, fueron deshabilitadas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo les permitió publicar contenido informativo sin relación con apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la DGJS suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx, y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra ambas, según una sola fuente. Es un estatus inestable y así se cuenta: con fecha, y nunca como abierto o cerrado hoy.
Ninguna de esas dos marcas aparece entre las nueve plataformas revisadas más abajo, y ese es el sentido del orden. Un comparador que las incluyera como opciones activas estaría vendiendo una puerta que hoy puede estar cerrada.
Las nueve plataformas revisadas, una por una
Las siguientes casas operan en México bajo un permiso de la Secretaría de Gobernación según sus propias fichas, pies de página o las compilaciones citadas. No son el mercado completo: una marca que no aparece aquí no está, por eso, sin permiso. El orden responde a lo que cada una aporta a la comparación.
Cada casa trae su permiso o su ausencia de permiso en la tabla de criterios. Aquí interesa lo que cada operador dice de sí mismo y lo que eso significa para quien va a depositar.
Strendus: el permiso triple que las compilaciones no supieron a quién atribuir
Strendus es una marca que aparece en circulación con tres números de permiso: DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021. Los tres provienen de una de las compilaciones, y esa compilación no coincide con otra sobre el nombre del titular, que aparece como Atracciones y Emociones Vallarta o como New Ads según la fuente.
Un aficionado puede leer esa discrepancia de dos maneras. Puede concluir que la marca es opaca, o puede hacer lo que hace un apostador con oficio: tratar el número como una pista y no como un certificado, mirar el pie de página propio del operador y, si el dato importa, buscar al titular. La fotografía del permiso se moverá cuando exista una lista abierta; mientras no exista, la carga de la prueba está del lado del lector.
Lo demás que se sabe de Strendus es que opera y que su aplicación describe su oferta deportiva. La marca no ha quedado atrapada en los episodios de bloqueo que sí alcanzaron a otros operadores del mercado, y esa continuidad, para quien apuesta cada semana, vale más que un bono. El riesgo de Strendus no es el producto; es la trazabilidad de su permiso.
Caliente: el permiso con el número más viejo y el pie de página más ordenado
Caliente muestra el permiso DGG/SP/404/97, y la operadora del sitio es Tecnología en Entretenimiento Caliplay. El sufijo 97 del número habla de una autorización que viene de fines de los noventa, y ese detalle es precisamente lo que hace valiosa la fila: un permiso longevo implica una relación administrativa larga con el regulador, y no una marca que apareció el año pasado.
El pie de página de caliente.mx presenta el dato como autorización de la Secretaría de Gobernación, advierte que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza su sección de juego responsable. Nada de eso es emocionante, y es exactamente lo que se espera de un libro grande: los avisos están, el permiso está citado, el nombre del permisionario es verificable.
El permisionario, ese es el punto. Caliplay sostiene varias marcas además de Caliente, lo cual es práctica normal con un permiso intransferible: el permiso no se vende, se opera. Para el jugador la consecuencia práctica es que reclamar ante un tercero termina siempre en la misma empresa, y que una queja sobre el producto estrella no se pierde en una cadena de licenciatarios extranjeros.
La marca tampoco escapó de la volatilidad del mercado, aunque su posición es la de un operador establecido con presencia física. A quien quiera una casa de tradición larga y no le importe un margen de mercado que no promete ser el más fino, este perfil le encaja. Lo que no aporta es ninguna ventaja de precio documentada en los mercados que aquí se pueden citar.
Pickwin: sin número publicable, con el mismo permisionario detrás
Pickwin es el caso donde el silencio dice más que un dato. Las compilaciones se contradicen con el número de permiso hasta el punto de que el que una de ellas atribuye a Pickwin es el mismo que el pie de página de Betcris muestra a nombre de Producciones Móviles. Publicar ese número como el permiso de Pickwin sería repetir un error con la seguridad de quien tiene razón.
Lo que sí se sabe es que su permisionario es Producciones Móviles S.A. de C.V., operando con Unocapali La Paz Operadora según la fuente. Ese nombre es el que sostiene a la marca ante la autoridad, y es el que hay que anotar cuando se compara con Betcris, porque las dos marcas cuelgan del mismo tipo de estructura.
Un lector razonable hace aquí la pregunta correcta: ¿importa que dos marcas compartan permisionario? Importa y no importa. No importa para la legalidad, porque la ley lo permite; importa para la diversificación, porque una incidencia administrativa en el permisionario alcanza a las dos a la vez. Apostar en varias casas para repartir riesgo pierde sentido si todas son la misma empresa con dos logotipos.
Pickwin entra en la comparación como la marca que obliga a mirar el pie de página en lugar del titular del momento. Su oferta no ha quedado bajo bloqueo en los episodios conocidos, y su presencia es la de un actor de segunda línea en tamaño, con la misma figura jurídica que los grandes.
Betway: un permiso corto y un respaldo internacional
Betway aparece con el número 4184 según la compilación de casasdeapuestaslegales.mx, y el titular nombrado es Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. Ese nombre de frontón no es un detalle decorativo: es exactamente el camino del artículo 28 del Reglamento, donde los titulares de permisos de frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. La casa digital de un frontón es una figura prevista, no un invento.
El número corto, sin la estructura DGJS/…/año de los demás, es una rareza más del registro mexicano: sin lista abierta no hay forma de saber si responde a una numeración antigua o a un formato distinto. Lo que el lector puede hacer es lo de siempre, ir al pie del operador.
Fuera de México Betway es una marca de alcance internacional, y esa doble condición hace algo interesante con el riesgo. Aporta una estructura corporativa grande y, al mismo tiempo, un respaldo que no es el mexicano: el permiso que la sostiene aquí es el del frontón. Para quien quiere una plataforma con oferta amplia y no le molesta que su permiso tenga nombre de estadio, la fila cierra bien.
La marca no figura entre las bloqueadas en este periodo. Tampoco tiene una ventaja de precio demostrable en los mercados que se pueden citar con fuente.
Betcris: un permiso en el pie y una licencia europea en el mismo renglón
Betcris es el caso más interesante de la tabla, y no por el momio. Su pie de página muestra el permiso DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER a nombre de Producciones Móviles, S.A. de C.V., que opera junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V. según el oficio DGJS/405/2018. En el mismo pie, la empresa del sitio aparece como TV Global Enterprises Ltd., con licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008 vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.
Ahí conviven dos mundos. El permiso mexicano es el que da el domicilio legal aquí; la licencia maltesa es la que explica la infraestructura del sitio. No son lo mismo y no se sustituyen. Un jugador mexicano que reclama algo lo hace dentro del marco mexicano, aunque el botón de soporte lo conteste alguien en La Valeta.
El detalle que sí conviene retener es la fecha de vencimiento de la licencia maltesa: 3 de noviembre de 2026. Una vigencia que se acerca en el calendario es normal, y es también la clase de dato que un lector atento anota para saber cuándo volver a mirar. La marca no está entre las bloqueadas, y el hecho de que su permiso mexicano aparezca citado en su propio pie, con número y titular, es un punto a favor en una tabla donde más de una fila depende de un tercero.
1xBet: el titular de un lado y la aplicación del otro
1xBet presenta el permiso DGJS/0002/2020 con Entretenimientos Naturales como titular, según una compilación especializada. La misma fuente no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial, y ahí se detiene la verificación. En la tienda de aplicaciones, el desarrollador figura como 1XCorp N.V., una empresa distinta de la titular nombrada.
Esa separación entre quien tiene el permiso y quien firma el software es la advertencia más concreta de toda la comparación. Un permiso es un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario; una sociedad anónima en otra jurisdicción es otra cosa. Cuando los dos nombres no coinciden, el jugador necesita averiguar cuál de los dos responde por su saldo.
No hay indicios en los hechos disponibles de que la marca esté bloqueada, y su oferta deportiva es de las más amplias del grupo. La contradicción de nombres no la descalifica, pero tampoco es un dato menor. Quien deposite aquí debería empezar por confirmar en el pie del propio sitio cuál es el permiso vigente y a nombre de quién está, y guardar esa captura.
Novibet: un permiso reciente y una marca ordenada
Novibet aparece con el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 a nombre de Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V., según casasdeapuestaslegales.mx. Es un permiso de 2020, es decir de la generación que ya nació digital sin dejar de colgar de un permisionario, y esa antigüedad de cinco o seis años la coloca lejos de las marcas improvisadas.
El nombre del titular también dice algo: una comercializadora de juegos con apellido “de la Frontera”. En México, la geografía de las concesiones importa, porque los permisos vienen de una estructura pensada para establecimientos físicos. Que una marca digital se apoye en una empresa con ese perfil es lo habitual, no la excepción.
Novibet no figura entre los operadores alcanzados por los bloqueos del último año, y su ficha de tienda describe la oferta deportiva de la marca. La posición de esta casa en la comparación es la del operador sobrio: sin un rasgo llamativo, con un permiso de formato estándar y un titular verificable. Para quien apuesta poco y quiere un registro sin sorpresas, eso no es un defecto.
Codere: la marca que declara su permiso en la tienda de aplicaciones
Codere es el caso donde la propia ficha de la aplicación, no el pie de una página, hace las declaraciones importantes: dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Los permisos que le atribuye una compilación especializada son DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, con Libros Foráneos S.A. de C.V. como titular.
Dos permisos de años distintos bajo un mismo titular son la prueba de que el mercado se acomodó por acumulación y no por diseño. Cada permiso corresponde a un acto administrativo con su propia historia. Lo relevante para el jugador no es cuál de los dos lo cubre cuando apuesta un domingo, sino que el titular sea siempre la misma empresa.
La mención de las políticas de cierre de cuenta en la ficha merece un párrafo aparte, porque es la parte del producto que nadie lee hasta que la necesita. Una casa que documenta por escrito cómo se cierra una cuenta está diciendo que existe un camino para salir, y un camino para salir es la mitad de la confianza que un apostador pide. Codere es una marca de presencia física extendida en México, y esa continuidad se nota en la manera de publicitar el permiso.
Playdoit: el permiso más antiguo de la lista de compilación
Playdoit figura con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005 y Eventos Festivos de México como titular, según casasdeapuestaslegales.mx. El formato del número, con la clave de la que hoy es la DGJS y el año 2005 al final, lo emparenta con el permiso de Betcris y con los trámites de la administración anterior al cambio de nomenclatura.
Los permisos de 2005 son los de la generación que vio llegar la banda ancha. Una casa que se apoya en un acto de ese año lleva dos décadas dentro del sistema, con todo lo bueno y lo malo que eso trae: estabilidad por un lado, estructuras antiguas por el otro.
La marca no aparece en los episodios de bloqueo y su ficha de tienda describe la oferta deportiva. Su lugar en la comparación es el de la alternativa con historia larga y presencia discreta, para un aficionado que valore la antigüedad del permiso por encima de la novedad de la plataforma.
Lo que se juega en tu bolsillo: el costo real de un bono
Un bono de bienvenida se anuncia con la palabra “gratis” y se cobra en tiempo. Ese es el resumen, y el resto de esta sección es la aritmética que lo respalda sin inventar un solo número.
La estructura típica de una oferta es esta: la casa entrega un monto sobre el primer depósito, y para retirar lo que salga de ahí el jugador debe cumplir un requisito de apuesta. Cumplirlo significa apostar una suma varias veces mayor que el bono, y solo cuentan las apuestas cuyo momio esté por encima de un mínimo que la casa fija. Ese mínimo es la letra pequeña que convierte una apuesta segura de momio bajo en una apuesta que no cuenta. Quien busca cumplir rápido con momios de 1.10 descubre que su jugada no avanzó un peso hacia el requisito.
De ahí salen tres preguntas que hay que hacerse en este orden: cuánto hay que apostar, a qué precio mínimo, y hasta cuándo.
La primera tiene una fórmula simple. El volumen exigido es la base del bono multiplicada por el factor de apuesta, y si la base es el bono más el depósito, el número se dispara. Con un factor alto y una base que incluye el depósito, el jugador se compromete a apostar varias veces lo que puso, y lo hace en un plazo que no eligió.
La segunda pregunta es la que más ofertas desarma. Un requisito que exige momios por encima de cierto umbral obliga a jugar mercados peor pagados o más arriesgados, y en el mercado principal de un partido el margen ya se lleva su parte. Es decir, la casa cobra dos veces: en el precio de cada apuesta y en la dificultad de cumplir.
La tercera pregunta es la del reloj. Si el plazo de calificación es corto, el requisito no se cumple apostando con criterio, se cumple apostando de prisa. Y apostar de prisa en mercados de momio alto para llegar a tiempo es exactamente el comportamiento que un bono bien diseñado premia en la casa y castiga en el bolsillo.
Poner las tres juntas produce la cifra que importa. Si el volumen total que hay que jugar pasa por mercados con el margen del 5,0 % que se calculó arriba, el costo promedio de cumplir el bono es ese margen aplicado al volumen y no al bono. Un requisito de apuesta de varios miles de pesos se lleva unos cientos en margen, y de ahí sale la primera conclusión práctica: un bono pequeño con un factor alto vale menos que un bono pequeño con un factor bajo, aunque en la pantalla los dos se vean igual de verdes.
Nada de esto convierte los bonos en un fraude. Los convierte en un producto con precio, y el precio se paga en apuestas y no en pesos de la cuenta, que es la razón por la que tan poca gente lo nota. El bono que sí conviene es el que se puede cumplir despacio, con apuestas normales, en mercados que uno jugaría de todos modos.
Cómo se acumula el costo de un bono cuando compartes la cuenta con el saldo
Hay una diferencia silenciosa entre apostar el bono y apostar el saldo propio, y en la práctica las plataformas mezclan los dos. Cuando el requisito se cumple con apuestas que incluyen dinero real del jugador, el margen del 5,0 % se aplica también a ese dinero, y el costo de cumplir deja de ser un costo del bono para volverse un costo de toda la cuenta.
Ese detalle explica por qué dos jugadores con el mismo bono terminan en lugares distintos. El primero apuesta solo lo que le exige el requisito y usa el dinero propio para otra cosa; el segundo apuesta con saldo real para llegar rápido al volumen, y paga margen sobre dinero que no tenía que poner en juego. Las reglas de qué saldo se consume primero están en los términos de cada casa y varían; es una de las cosas que conviene leer antes de aceptar cualquier oferta.
Lo mismo pasa con las apuestas gratis que la casa entrega después de un siniestro. Una apuesta gratis cuyo importe no se devuelve en caso de ganar vale menos que su valor nominal: el momio se aplica al premio pero el jugador no recupera el importe jugado. Por eso una apuesta gratis de importe alto a momio 1.20 vale casi nada, y una de importe menor a momio alto vale más. Ese cálculo se hace con una resta simple y con un mercado cuyo margen ya conocemos, y el resultado es que la mayoría de las apuestas gratis del mercado valen entre el setenta y el noventa por ciento de lo que dicen valer en el momento en que se anuncian.
Conviene llevarlo a una cifra. Una apuesta gratis de 200 pesos a momio 3.00 en un mercado con devolución del 95,0 % ronda un valor esperado de unos 127 pesos, es decir bastante menos de la mitad del importe nominal, y muchísimo menos que los 600 pesos que sugiere el anuncio. La cifra es la media de muchas apuestas gratis iguales; en una sola puede salir el premio completo.
Ahí está el punto. La publicidad de un bono habla del techo —“gana hasta 600 pesos”— y el valor está en el suelo, que es lo que devuelve el promedio.
Plazos, mínimos y topes: donde el dinero se queda quieto
Los términos que más cuestan son casi siempre tres, y ninguno de los tres suele estar en el titular del anuncio.
El plazo de calificación es el primero. Un requisito de apuesta con fecha de vencimiento convierte la estrategia en una carrera, y la carrera favorece a quien apuesta rápido y a lo grande, no a quien apuesta bien.
El momio mínimo es el segundo, y tiene un efecto de segundo orden que casi nadie comenta. Los minutos antes del inicio de un partido, la casa mueve sus momios y el jugador que necesita llegar a un volumen concreto empieza a elegir los partidos por el momio y no por el criterio. Ahí el bono ya cambió el comportamiento, que era justamente su función comercial.
El tope de ganancia con el bono es el tercero. Muchas ofertas limitan cuánto se puede retirar de lo ganado con el bono, y ese tope es el verdadero techo del producto, no la cifra del anuncio. Si el tope es bajo, el incentivo para elegir momios altos desaparece, y el bono se convierte en un cupón de apuestas pequeñas durante unas semanas.
Vale la pena decir que la estructura de los bonos cambió en el último año por una razón que no tiene nada que ver con la generosidad. El IEPS a los juegos con apuestas pasó del 30 % al 50 % desde el 1 de enero de 2026, y los operadores rediseñaron sus ofertas de bienvenida para absorber parte de ese aumento. El resultado es que un bono de 2026 puede exigir más que el de 2026 pasado sin cambiar su cifra de portada. Comparar bonos de años distintos con la misma regla es comparar peras con manzanas.
Preguntas frecuentes
¿Cómo comprobar si una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?
Se revisa el pie de página: deben aparecer el permiso con número y, si la casa es prolija, el nombre del permisionario y la advertencia para menores. Como no hay una lista oficial abierta, la comprobación pasa por contrastar ese dato con la ficha de la aplicación y con el nombre del titular.
¿Un dominio .mx demuestra que la casa tiene permiso en México?
No. El dominio es una dirección de internet y el permiso un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario. Cualquiera registra un nombre terminado en .mx y le pone la marca de una casa europea. El único respaldo es el del permisionario nombrado en el pie del operador.
¿Existe un registro nacional de autoexclusión y cómo funciona la autoexclusión?
No existe un registro nacional. La autoexclusión voluntaria es una herramienta interna de cada casa: se pide en la cuenta, se aplica a esa marca y no avisa a las demás, así que hay que repetir el trámite plataforma por plataforma. Las propuestas de reforma plantean mecanismos, pero no son ley vigente.
¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?
Se configuran desde la propia cuenta, en la sección de juego responsable o de límites, y son una decisión personal porque no hay tope legal ni obligación para el operador. Conviene revisar qué controles ofrece cada casa y a partir de qué momento un límite a la baja se puede volver a subir.
¿Qué riesgos tiene apostar en una casa sin permiso en México?
No aporta domicilio legal mexicano, ni los reportes de lavado, ni un CFDI de retenciones, y sus reglas son las de su propia casa. Los saldos en un operador bloqueado quedan congelados. Una licencia extranjera no equivale al permiso de la Secretaría de Gobernación.
¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas y quién los retiene?
Sí, los premios autorizados legalmente son ingreso gravado. Quien paga el premio retiene: 1 % si el estado no grava el premio o su impuesto no pasa del 6 %, y 21 % si lo supera. La retención es pago definitivo solo si se presenta la declaración correspondiente.
¿Sabes qué pasa con tus premios si ganas?
Sí, y la respuesta tiene dos tramos que conviene separar. Las ganancias de apuestas son ingreso gravado en México. Quien paga el premio retiene impuestos, y la tasa depende del impuesto estatal: si el estado no grava el premio o su impuesto no excede el 6 %, la retención es del 1 %; si el impuesto estatal es mayor, la retención sube al 21 %. Eso está en el artículo 138 de la Ley del ISR. En la Ciudad de México existe un impuesto estatal del 6 % sobre premios, y la suma ronda el 7 % según un reporte secundario. Los premios que en un año superan los 600,000 pesos deben reportarse en la declaración anual, también según reporte secundario.
Esos números tienen un matiz que decide si el dinero ya está en paz o no. La retención es pago definitivo solo si el contribuyente presenta la declaración cuando está obligado; si no lo hace, el ingreso se acumula y la retención se acredita. En otras palabras, cobrar rápido no cierra el asunto.
Del otro lado del mostrador están el IEPS y el ISR. El IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso es del 50 % desde el 1 de enero de 2026, según la reforma publicada en el DOF el 7 de noviembre de 2025; antes era del 30 %. Está en el artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS. La base no está establecida con claridad: el texto dice “valor de la actividad” y la prensa habla del monto total apostado, así que aquí no se afirma que sea el 50 % de lo apostado ni de los ingresos brutos.
Ese salto del 30 % al 50 % explica más cosas de las que parece. El mismo inciso alcanza a los juegos en línea de residentes en el extranjero sin establecimiento en México, con bloqueo temporal del servicio digital por incumplimiento grave, y los operadores rediseñaron sus bonos de bienvenida después del aumento para absorber parte del impuesto. Cuando el requisito de apuesta de un bono parece más duro que antes, puede que no sea codicia: puede ser un impuesto que alguien decidió trasladar.
Este material es un modelo de lectura de la normativa, no asesoría fiscal. El tratamiento de los premios obtenidos en un sitio sin permiso no está establecido: el artículo 137 cubre premios autorizados legalmente, y de ahí hacia el caso contrario no hay una respuesta clara. Quien tenga ese problema debe preguntarle a un contador.
Legalidad y permisos en México – apuestasdeportivmx
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